lunes, 10 de julio de 2017

RECIBIENDO LO QUE NO LE HEMOS PEDIDO A DIOS [POR GRACIA]

Las peticiones han sido a través de los siglos un elemento importante en cuanto a la comunicación del creyente con Dios, refiriéndome a la oración. A través de los tiempos y las generaciones hemos sido enseñados que debemos pedirle a Dios todo el tiempo y en cualquier circunstancia puesto que él no tiene necesidad de nada, sino más bien, tiene abundancia de todo (literalmente todo) y también un corazón sobremanera bondadoso como para repartir fluidamente a todo el que le solicite alguna cosa.

No creo particularmente que considerar a Dios de esta forma esté mal, ya que si soy honesto, yo lo he hecho durante toda mi vida y no tengo planes de dejar de hacerlo. He aprendido que Él disfruta que tanto sus hijos como su entera creación muestren señales permanentes de dependencia hacia su persona.

Sin embargo, una de las razones que nos debe motivar a acercarnos a nuestro Creador no solo tiene que ver con lo que él nos pueda dar, también tiene que ver con aprender a conocer la grandeza de su amor por nosotros, que yendo más allá de lo que podemos pedir o entender (Ef. 3:20), nos proporciona elementos sustanciales para que podamos seguir viviendo minuto a minuto en esta tierra.

Te animo a pensar por un momento: ¿Qué sería de este mundo si él no renovara su misericordia cada mañana (Lam. 3:22-23)? ¿Y si no nos protegiera del mal que nos asecha a diario (2Ts.3:3; Sal. 91:4-14)? y si no hubiera enviado a su hijo a morir por nosotros (Jn. 3:16-17)? ¿Y si no fuera tan paciente como lo es?  Ahora la pregunta es: ¿Hemos pedido nuevas misericordias cada mañana? ¿Pedimos protección del mal que nos acecha diariamente? ¿Sería algún ser humano capaz de haberle pedido a Dios que enviara a su hijo a morir sus propios asquerosos y vergonzosos pecados cometidos? ¿Hemos considerado la ilimitada paciencia que tiene para nosotros en medio de tantos errores cometidos? No tiene sentido responder a esto, y eso es porque no pedimos con insistencia aquello que no creemos que necesitamos. Las personas no creen que necesitan nuevas misericordias cada nuevo día, pero de no ser así, estaríamos bajo la lupa del Juicio y la ira de Dios constantemente, sobre todo porque somos propensos a fallarle. Por eso mucho antes del pecado cometido, él había suplido la misericordia necesaria que nos permite recibir el perdón de ese pecado cuando lo solicitamos.

¿Y pensamos en su protección? Estoy convencido que en un mundo saturado de maldad, Dios nos libra de muchas cosas de las cuales no tenemos ni idea. Y muchas, pero muchas veces, ni siquiera le hemos pedido su protección.

Y en cuanto la gracia y la salvación recibida por medio de Jesús su hijo, que al morir en una cruz derramando su sangre para limpiarnos de nuestras faltas, y que resucitando al tercer día nos abrió camino eterno al Padre y a una vida eterna en su propio hogar. Y que además conociendo bien nuestras debilidades envió al Espíritu Santo, a quien tampoco pedimos, que nos fuera enviado porque no teníamos idea que podríamos necesitarle tanto.

Hemos recibido esto y muchas cosas más que no le hemos pedido a Dios, pero que son tan necesarias y tal vez muy pocas veces damos gracias por ello.

Mi oración es que las palabras escritas en esta publicación nos lleven a reflexionar en la bondad incesante de Dios para cada uno de nosotros, que aún cuando no hemos pedido lo que verdaderamente necesitamos, terminamos recibiéndolo solo por su inmenso amor y favor hacia nuestras vidas.


viernes, 23 de junio de 2017

ELOGIO PARA EL PADRE DE CARÁCTER NOBLE

El padre de carácter noble es estimado por todos por la firmeza de su carácter. Sabe ser firme cuando debe y flexible cuando es necesario.

Su esposa confía en él y lo admira, porque él le muestra afecto, le ofrece protección, deja que le cautive y acepta con estima el amor que ella le ofrece.

Es esforzado cada día en su trabajo porque su fin es el sustento de su familia. No importa que tanto demande su labor, él sabe que al final del día su esposa e hijos tendrá pan en su mesa.


Sabe ser generoso, comparte con los que le solicitan aunque a veces él considere que no tiene lo suficiente. Sabe encontrar los espacios para suplir las necesidades.

Sus hijos lo admiran y buscan la fuerza de sus brazos. Él los corrige y también les hace llegar su amistad a tiempo. 

Modela fuerza a sus hijos, les enseña que sí se pueden hacer las cosas difíciles. Le sirve de ejemplo a sus hijas cuando afirma sus corazones al señalarle sus virtudes. Les enseña también que una mujer vale y que se le trata como al mejor de los tesoros, porque ellos le ven tratar con respeto y honra a su madre.


Sabe que comete errores, pero no renuncia a su meta de ser ejemplo para los suyos. Busca la sabiduría, se aferra a la experiencia. Nunca tiene en poco las lecciones aprendidas en la vida y comparte el consejo con los más jóvenes.

Muchos hombres hacen las cosas bien, pero el hombre de carácter noble va más allá de eso. Para él lo correcto no es negociable ni el bien se consigue sin esfuerzo. Su palabra tiene peso y valor para los demás.


Sus fuerzas físicas un día lo va a abandonar, las canas serán su nuevo trofeo. Sus palabras sabias serán su nuevo estandarte. 

El hombre noble considera a Dios en todos sus caminos, es guía espiritual de su casa, es figura de servicio y devoción a su Señor. Recibe dirección de Dios y conduce a su familia hacia la bendición.

La honra de los padres descansa en la nobleza de su carácter.