miércoles, 11 de diciembre de 2013

UNA VIDA CERCANA AL PERDÓN

Por el honor de tu nombre, oh Señor, perdona mis pecados, que son muchos. 


El perdón es una de las cosas más importantes para el cristiano. Su nuevo nacimiento en el Señor se debe gracias al perdón de sus pecados, recibido en forma inmerecida.
Uno de los temas más predicados ha sido acerca del perdón, pero desde una perspectiva donde este debe ofrecerse sin cuestionamiento a aquellos que nos han hecho algún agravio de forma directa o indirecta. Somos llamados a perdonar de la misma forma en que hemos sido perdonados por Dios.
Este pasaje en particular me ha llevado a pensar en algo interesante, por lo menos desde lo que puedo discernir personalmente: "¿Con cuánta regularidad pido perdón por mis pecados?

Recuerdo cuando lo hice por primera vez delante de Dios para luego reconocerlo como mi Señor y mi Salvador, sin embargo hoy me esto preguntando, cuándo fue la última vez que lo hice de nuevo?
Si medito bien y hago uso de la sinceridad, llego a la conclusión que todos los días estoy ligado a una naturaleza que me induce a pecar contra Dios. Sin querer categorizar los pecados, desde los más simples e insignificantes hasta los más evidentes y ofensivos, voy constantemente por la vida cargando una necesidad insaciable de gracia y perdón.

No digo que esté llevando una vida desordenada en cuanto al pecado, pero la verdad es que sí soy vulnerable e inmaduro en cuanto a la estatura de Cristo.

Necesito la gracia, necesito el perdón, necesito llegar a Dios con esta misma oración de salmista: "Señor, mis pecados son muchos, necesito tu perdón".

Hoy concluyo que esta debiera ser mi oración de cada día, sin variación alguna, no maximizando el pecado ni mis errores delante de Dios, al contrario, agrandando la obra de gracia que me otorga el perdón y también mi dependencia de Dios, que llegando más de una vez a mi vida, me sacia de misericordia y favor, no cuando más lo merezco, sino cuando más lo necesito.

Es posible que reconociendo más seguido mis pecados, viva más pendiente de su gracia.


Es posible que reconociendo más seguido su perdón, viva más propenso al perdón hacia los demás.

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